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Historia del lugar…

Historia del lugar…

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La práctica totalidad de pueblos que, a lo largo de la historia, se han asentado en la península Ibérica han dejado huellas de su civilización y cultura, más o menos significativas, en el territorio que actualmente ocupa la provincia de Guadalajara. Este territorio, dada su estratégica ubicación geográfica entre las mesetas superior e inferior, entre las cuencas del Tajo y el Ebro, entre los sistemas orográficos Central e Ibérico y, en definitiva, localizándose en el epicentro geográfico de la península Ibérica, ha sido históricamente una tierra de paso.

De la presencia de hombres prehistóricos en la provincia queda constancia notable en La Cueva de los Casares (Riba de Saelices) y de La Hoz (Santa María del Espino), especialmente en la primera ya que en sus paredes se reúnen casi dos centenares de grabados rupestres paleolíticos con una antigüedad mínima de 15.000 años y máxima de 25.000, anteriores incluso a las famosas pinturas de Altamira. Arévacos y Lusones se asentaron al Norte de la provincia, los primeros al NO y los segundos al NE, donde también se asentaron los Celtíberos propiamente dichos. Carpetanos y Oretanos, pueblos iberos de progresiva influencia celta, se localizaron en el resto del territorio provincial, especialmente junto a las riberas de los ríos Jarama, Henares y Tajuña. Especialmente de la Edad del Hierro aparecen por amplias zonas del territorio de Guadalajara yacimientos arqueológicos de orígen celtíbero, tales como necrópolis, castros, campamentos, etc.

La civilización y cultura romanas dejaron también huella de su paso, más de tránsito que de grandes asentamientos, por estas tierras, por las que discurría, a través del valle del Henares, la Vía Domiciana que enlazaba Emérita Augusta (Mérida) con Caesare Augusta (Zaragoza). Restos de esta calzada, así como de la que desde el Tajo, a la altura de Trillo, enlazaba con el Henares en Sigüenza (la Segontia romana), puentes, restos de “villaes”, mosaicos, etc. componen la evidencia material que queda de la romanización en estas tierras.

Del paso de los visigodos por este territorio no queda amplia constancia, aunque sí muy significativa: el yacimiento arqueológico de Recópolis, la gran ciudad que Leovigildo erigió en honor de su hijo Recaredo, junto al Tajo, en lo que hoy es la villa de Zorita de los Canes.

La cultura y el pueblo árabe dejaron en estas tierras su impronta, especialmente en la toponimia mayor y menor de sus núcleos habitados y geografía, hasta el punto de que la capital y la propia provincia son nominadas partiendo de la voz “Wad-al-Hayara” que viene a significar “Río de Piedras”. El actual territorio de Guadalajara, adquirió especial importancia durante la dominación árabe cuando se convirtió en la “capital” de la Marca Media de Al Andalus, compartiendo esta capitalidad territorial con las tierras sorianas de Medinaceli.

De la arquitectura y el arte árabes quedan en estas tierras escasos restos: partes de algunas alcazabas, como la de Molina de Aragón, puertas de algunos templos cristianos, construídos por los mudéjares, siendo la más significativa de ellas la de la Iglesia-Concatedral de Santa María, en Guadalajara, y trazas urbanas en algunos pueblos como Pastrana, Hita, etc. Por contra, dentro de la cultura hispanoárabe, Guadalajara tiene el honor de haber sido cuna o casa de poetas como Ahmed-ben-Schalaf, historiadores como Abdallah-ben-Ibrahim y de geógrafos como Abu-Zacharia.

En 1.085, la ciudad de Guadalajara es reconquistada a los musulmanes por Alvarfáñez de Minaya y pasa a depender de la corona de Castilla y, un siglo después, la totalidad del territorio provincial ya pertence al reino castellano. Es, precisamente, en los siglos XII y XIII, merced a las repoblaciones de gentes procedentes del norte -castellanos de la montaña y las merindades, vascos y navarros, fundamentalmente- cuando en lo que hoy es la provincia de Guadalajara se ordena la población en el territorio, repartiéndose en numerosos núcleos habitados, aunque de escasos habitantes, salvo en aquellos que ya se habían constituido y asentado como comunidades en siglos anteriores.

Es en estos mismos siglos cuando, merced a la fuerza y vigor de los Comunes de Villa y Tierra castellanos -entre los que destacaron los de Guadalajara, Molina, Cifuentes, Atienza, Brihuega, Cogolludo, Uceda, Jadraque, Hita, Beleña y Zorita-, mejoran las condiciones de vida de los pobladores de estas tierras y la cultura y el arte son impulsados, naciendo en estas tierras o inspirándose en ellas “El Cantar de Mío Cid”, alguna estrofa de Gonzalo de Berceo, alguna “Cantiga de Santa María”, de Alfonso X El Sabio, y “El Libro de Buen Amor”, del Arcipreste de Hita.

Igualmente es en estos siglos cuando se erigen numerosas iglesias románicas por todo el territorio de Guadalajara, especialmente el del norte, constituyéndose como conjunto -perviven aún más de 100 templos de orígen románico en la provincia- en un peculiar estilo denominado “Románico Rural”, cuyos mejores ejemplos los podemos encontrar en Atienza, Sigüenza, Campisábalos, Albendiego, Pinilla de Jadraque, Saúca, Carabias, etc. Cuatro importantes fundaciones monasteriales del Císter -Bonaval (Retiendas), Monsalud (Córcoles), Buenafuente del Sistal (Villar de Cobeta) y Santa María de Ovila (Trillo)- surgen en este tiempo en el territorio que hoy ocupa Guadalajara.

Aprovechando viejas atalayas y alcazabas árabes o surgiendo novedosos en puntos estratégicos, es también entre los siglos XII y XIII cuando, principalmente, la tierra de Guadalajara se puebla de castillos y torreones, entre los que caben destacar los de Sigüenza (hoy Parador Nacional de Turismo), Molina de Aragón, Atienza, Torija, Zorita de los Canes, Cifuentes, Corduente, Embid, Establés, Riba de Santiuste, Guijosa y Pelegrina, entre muchos otros, y los de Jadraque y Pioz, más tardíos.

El máximo esplendor demográfico y socio-cultural de lo que hoy es Guadalajara se alcanza en los siglos XV y XVI, bajo el poder y la influencia de la gran familia Mendoza, entre cuyos más notables miembros se encuentran el Marqués de Santillana -autor de las “Serranillas”- y el Cardenal Mendoza. La familia Mendoza, de la que surgen importantes mecenas del arte y la cultura, manda construir en Guadalajara a Juán Guas el Palacio del Infantado, el más representativo ejemplo de gótico isabelino civil de toda España. Igualmente, de la mano protectora de esta familia llega a nuestro país procedente de Italia el Renacimiento, cuyos mejores ejemplos arquitectónicos se dan en el Palacio de los Duques de Medinaceli (Cogolludo) y el Palacio de Don Antonio de Mendoza (Guadalajara).

A partir del siglo XVII, Guadalajara decae social y económicamente, a la par que el resto del territorio español, y es solar de continuas guerras que se prolongan incluso hasta el siglo XX, que, a la par que diezman su población, destruyen buena parte de su patrimonio artístico. Así, de estilos como el Barroco apenas quedan elementos representativos en Guadalajara, si bien bastantes retablos de iglesias de la provincia son de este estilo -magnífico ejemplo el de Chillarón del Rey-, aunque generalmente de escaso valor artístico. Del Neoclasicismo y estilos posteriores tampoco quedan muestras brillantes, si bien del Eclecticismo de finales del XIX la ciudad de Guadalajara reúne algunas obras arquitectónicas notables de Velázquez Bosco, como el Panteón y la Fundación de la Condesa de la Vega del Pozo, su Palacio y el Poblado de Villaflores.

La provincia de Guadalajara ha obtenido la declaración por la belleza y armonía de sus arquitecturas civil y religiosa de “Conjunto Histórico” de las localidades de Brihuega, Hita y Pastrana en la Comarca de la Alcarria; Atienza, Sigüenza y Palazuelos en la Comarca de la Sierra Norte y Molina de Aragón en la Comarca de la misma denominación. Otros pueblos de singular belleza son: Budia, El Olivar, Alocén, Tendilla, Zorita de los Canes, Auñón, Valdeavellano (donde te ofrecemos nuestra casa rural) y Almonacid de Zorita en la Comarca de la Alcarria; Uceda en la Comarca de la Campiña; Valverde de los Arroyos, Umbralejo, Jadraque y la Vereda en la Comarca de la Sierra y Milmarcos, Peñalén y Chequilla en la Comarca del Señorío de Molina y Alto Tajo.

Es también digna de destacar, la peculiar arquitectura rural de algunas aldeas al noroeste de la provincia, ubicadas en la falda del Pico Ocejón, realizada con esquistos de pizarrra, propuesta como “Patrimonio de la Humanidad” y que conforma la llamada “Arquitectura Negra”.

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